El estrecho de Beiring y la venta de Alaska por parte de Rusia: sobre cómo Estados Unidos hizo un negocio histórico gracias a la guerra de Crimea

En la actualidad Rusia está combatiendo por Crimea, un territorio del este de Europa disputado entre Rusia y Ucrania. Lejos de ser un hecho insólito, lo cierto es que no es la primera vez que Crimea se ve envuelta en conflictos de este calado: antes de la Revolución de 1917, entre 1854 y 1856, hubo una guerra en Crimea que enfrentó a Rusia contra las alianzas británico-francesas, turco-otomanas y piamontesas.

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Y a raíz de aquel conflicto, con nula relación con unos Estados Unidos en plena fiebre del oro y a las puertas de la Guerra de Secesión, nadie podía predecir que la situación que vivía Rusia con Crimea desembocaría en un acuerdo histórico y uno de los mayores cambios geopolíticos de la historia, separando dos contendientes como son EEUU y Rusia en apenas dos islas pequeñas.

El estrecho de Beiring

El estrecho de Bering es la extensión de agua que separa a Rusia de Estados Unidos por tan solo 82,7 kilómetros de distancia, y cuenta con una profundidad de entre 30 y 50 metros. En medio del estrecho existen dos islas conocidas con el nombre de islas Diómedes que se encuentran divididas, no solo por el mar y la frontera entre estos dos países, sino también por la diferencia en la zona horaria.

Una de estas islas pertenece a Rusia, mientras que la otra a Alaska, Estados Unidos. Este caso es tan particular debido a la franja horaria, ya que hay una diferencia de casi 21 horas. Es decir que cuando en una de las islas es hoy, en la otra ya es mañana.

Estrecho de Beiring
Estrecho de Beiring con las islas Diómedes en el centro. Imagen: NASA

De esta manera, podremos observar cómo los dos países comparten una amplia frontera y no solo eso, sino también sus diferencias en relación con las reservas energéticas y discrepancias de prioridades vinculadas a sus distintas políticas.

Con relación a estos vínculos, y si nos remontamos a épocas pasadas, podremos ver cómo Alaska en realidad formaba parte de Rusia. Pero entonces, ¿qué pasó con el territorio?

Si bien cuesta entender cómo es que Alaska alguna vez perteneció a Rusia, o mejor dicho, comprender cómo es que Rusia cedió una parte de su territorio a Estados Unidos, esto sucedió sin ningún tipo de guerra u ocupación: ocurrió incluso mucho antes de la Guerra Fría.

La venta de Alaska por parte de Rusia

Se trata probablemente de uno de los mejores tratados de la historia estadounidense ¿Y por qué podemos decir que es uno de los mejores? Porque las historias en base a esta negociación histórica están cargadas de datos de color y curiosidades que no podemos dejar pasar por alto.

Comencemos por situarnos en el contexto del año 1867, momento en el cual Rusia no estaba atravesando su mejor momento. Venía de perder en la guerra de Crimea y temía que Alaska —que no contaba con suficiente defensa — fuera robada o usurpada por sus contrincantes del Reino Unido. Dichas razones llevaron al Zar Alejandro II a iniciar negociaciones sobre la venta del territorio, por el que luego Estados Unidos terminaría pagando 7,2 millones de dólares.

Cheque usado para el pago por Alaska, por un valor de 7.200.000 dólares. Fuente: Archive.org

Durante este tiempo el secretario de Estado, William Henry Seward, fue centro de burlas por parte de las críticas, quienes no titubearon en decir que el tratado había sido una locura: «la locura de Seward», debido a que les parecía ilógico gastar esa cantidad de dinero por una zona aislada.

Sin embargo, y retomando lo que habíamos mencionado anteriormente, el tratado terminó siendo uno de los mejores de la historia de Estados Unidos. Tanto es así que, si bien la tierra había estado en manos rusas, la zona había sido muy poco explorada y explotada por los rusos.

Firma de la venta de Alaska
La firma del tratado de cesión de Alaska el 30 de marzo de 1867. De izquierda a derecha: Robert S. Chew, William H. Seward, William Hunter, Vladímir Bodisco, Eduard de Stoeckl, Charles Sumner y Frederick W. Seward.

Estos motivos previos, sumados al descubrimiento de oro por parte de pobladores en el 1896, hicieron que Alaska se viera definitivamente impulsada con un rotundo cambio económico que favorecería a toda la región. En los primeros años de la compra, más precisamente pasados los 50 años, Estados Unidos ya había conseguido una ganancia equivalente a 100 veces más de lo que había pagado por aquellas tierras.

Finalmente, Seward salió victorioso en sus predicciones tras la venta de Alaska por parte de Rusia, ya que había visto cómo el estado se convertiría en un centro turístico y una ciudad en todo su esplendor.

Actualmente, Alaska cuenta con más de 730.000 habitantes y una población que prácticamente perdió toda su base rusa, siendo un 85% de nativos estadounidenses.

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